El Vecino Vigilante

Por Esteban Salinas

Recuerdo haber tenido unos 11 años cuando pude utilizar el primer teléfono inteligente. Me maravilló la posibilidad de tener toda mi música, fotografías y contactos en un mismo lugar que también me permitiera tomar fotografías y hacer video-llamadas. De hecho, más atrás me acuerdo con emoción de haber recibido mi primer celular con el que solo se podían hacer llamadas, jugar buscaminas y mandar mensajes de texto, la idea de no tener que usar un teléfono público y permanecer en contacto fuera donde estuviera me resultaba casi mágico. Hoy en día, naturalmente ya no me sorprende, salen aplicaciones de realidad virtual, de servicios a través de aplicaciones y ya no me sorprende, para ser sincero, mas bien me asusta.

Me asusta como las aplicaciones parecen tener vida propia y conectarse entre ellas de tal modo que Uber manda a Facebook la información de donde estoy o Twitter puede intercambiar fotografías con Instagram directamente desde mi fototeca personal y con algún error de dedo, publicarla irremediablemente en Snapchat.

Se trata de estas aplicaciones a las que inconsciente y automáticamente relegamos la memoria, la identidad y el pensamiento. Se nos muestran extractos de la vida de una persona que la hacen ver como una mercancía deseable; bella, simpática e inteligente.

Todos estos templos del ego se vuelven presentes y necesarios en los intercambios de actualidad, de momentos y de comunidad. Han cobrado tal nivel de personificación y realidad que muchos, o casi todos, de los ámbitos de la vida se manejan desde estas plataformas. La vida en pareja, las relaciones laborales y el networking profesional, todo lo que se inscribe en un nuevo lenguaje de la inmediatez bajo la consigna de estar on-line todo el tiempo. El lenguaje se hace palpablemente objetivo, una trasparencia inusitada nos indica si nuestros mensajes fueron vistos y a qué hora, quién no responde, las cosas que se deben decir, en fin, una comunicación sui generis.

El teólogo Byung Chul-Han en “La sociedad de la transparencia”, indaga sobre el fenómeno de la visibilidad. Sobre lo que otros pensadores, como Foucault y Deleuze, denominaron la “sociedad disciplinaria” y en el presente vemos el paso a la “sociedad del control”. Este control se encuentra ahora en la psicopolítica del mandato a la transparencia; cualquier dejo de misterio es visto con suspicacia y temor cuando lo velado ocupa un lugar imprescindible en nuestra mente y lo hacía en nuestros intercambios comunales. En nuestra “libertad de expresión absoluta” y afán de “compartirlo todo”, al mismo tiempo convive, irónicamente, el mecanismo de control más efectivo.

Este mandato a la transparencia, es llevado a la intersubjetividad manejada de perfil a perfil en las redes sociales, y realmente influye. Intercambios intersubjetivos, tomando a la seducción por ejemplo, con el mandato de lo transparente, se vuelve en un contrato que Byung califica como pornográfico. Sin una hipersocialidad manifestada en la dinámica de grupos en redes sociales, el individuo queda alienado y descartado. “Extimidad” la llamo Lacan, la parte de la intimidad que compartimos a los demás, pero compartirse “desde dentro” lleva a una posición de identidad ambigua donde se podría llegar a creer que lo verdadero de la identidad se encuentra más en las egotecas que en el propio cuerpo, historia y memoria.

Las noticias, las diversiones, las apreciaciones estéticas, incluso se localizan cuando nosotros las queramos en esta pantalla, esta ventana del mundo. Aparte de ser como una ventana, parece ser un agujero negro del tiempo, se pueden pasar las horas, los ojos y los dedos sobre estas pantallas  y sentirlas como minutos; una pausa se convierte en la actividad principal sin advertirlo. En la revolución microeléctrica todos somos prosumidores y el ocio vale en Bitcoins. Con estrategias bien específicas y diseñadas, sus estímulos apelativos hacen que consumamos y “pro-sumamos” dándole a los “vigilantes de la preferencia”, las coordenadas exactas de nuestro deseo, y lo peor, sin que nos paguen.