Pintan la Revolución

Por: Catalina Montoya.

 

José Bas

“Al hablar del movimiento revolucionario, es importante acotar las vivencias que nos contaron nuestros abuelos. En mi caso, mis abuelos maternos, Ernesto Bernot y Josefina Couturier, eran de San Rafael, una colonia francesa en Veracruz, y sufrieron mucho porque tenían ranchos de plátano y ganado, y tras la revolución, sus seis hijas representaban mucho riesgo, así que las escondieron. Mi mamá me contó que se las llevaron en carreta y en el camino había mucha gente huyendo. Por parte de mi padre, a mi abuelo Francisco Bas, quien era escultor y soñaba con poseer minas, se lo trajo Porfirio Díaz desde España con la encomienda de decorar el edificio de Correos, así que se trajo a mi abuela y se quedaron en México. Actualmente se puede admirar la decoración. Luego hizo varias iglesias, aquí nació mi padre, y mis abuelos paternos se instalaron en Jalisco; ahí compró una mina. Sin embargo, los revolucionarios se la quitaron. Mi padre recuerda que, tras ese incidente, pusieron una tienda a la cual tenía que entrar a caballo porque era común que los revolucionarios los persiguieran. En realidad, fue un movimiento que padeció mucho el pueblo, sin distinción de clases; las mujeres sobre todo.

Ahora a mí me llama la atención analizar el mandato de Porfirio Díaz porque en realidad fue un gran estratega, sin embargo lo descontroló el poder; es irónico siendo que su primera bandera fue la “no reelección”. Mi abuelo paterno recordaba que Díaz era muy querido por el pueblo, industrializó a México, lo sacó adelante y se ganaron muchas batallas gracias a él, especialmente la parte en la que se separa de los estadounidenses y se acerca más a los europeos. Lo peligroso de las revoluciones, concluyo, es que parecen surgir para beneficio del pueblo, pero éste es quien más las padece”.

Lourdes Moreno, Zapata, y las adelitas

“Yo tengo antecedentes familiares que vivieron la Revolución Mexicana. Mi abuelo materno, Fernando Nuñez, era Capitán de la Marina, y el pagador (de la tropa) del Gral. Álvarez quien era su compadre. Yo lo conocí y conviví con él mucho, tenía un carisma único y siempre nos contaba anécdotas; incluso siendo anciano laboraba en una agencia de publicidad (murió a los 89 años “cuando le dio la gana”) nunca perdió su buen humor. Fue un magnífico administrador. Respecto al movimiento, nos hablaba poco, como que no había agua de beber, excepto pulque, y cuenta que gracias a eso los hombres no eran enfermizos ya que contiene muchos nutrientes. Era muy honrado, vivió modestamente, pero era muy fiestero por lo cual tuvo dos esposas, Luz Keith, su primera esposa, fue mi abuela y tenía descendencia irlandesa, de hecho mi bisabuelo estuvo en la casa de Moneda.

 

Regresando a mi abuelo Fernando, también fue taxista, tanto de coches a caballo y luego de motor, tuvo la licencia No. 39 del D.F. Tuvo en total siete hijos, mi mamá fue la penúltima que murió, y viva tengo a una tía. Como dije, era muy alegre, se tomaba sus cervezas, hacía cosas que pocos abuelos hacen, como llevarnos a la escuela, hablaba de sus “generales” y siempre estuvo del lado de los revolucionarios. En cuanto a su ideología consideraba que el pueblo estaba muy enojado y reinaba la desorganización; en el norte a Madero le quitaron tierras; Villa aprovechó el desorden y gracias a su espíritu de guerrillero, fue el único que logró invadir Estados Unidos; Zapata siempre estuvo con los campesinos de Morelos, y Carranza entró a poner un poco de orden. Sugiero leer al escritor Francisco Martín Moreno, ha hecho estudios profundos ya que es historiador y maneja un estilo anecdótico, su lectura es muy amena con la que logra captar tu atención de inmediato. En su análisis acusa que el pueblo estaba hastiado de todo.

Yo considero a Porfirio Díaz como el mejor presidente que tuvimos, si se hubiera separado unos cinco años antes de lo que gobernó, habría sido el héroe más importante de México: trajo los ferrocarriles, inició el Paseo de la Reforma, mandó construir el Palacio de Bellas Artes, modernizó e industrializó al país, habilitó los acueductos. El problema es que el poder te hace perder la visión panorámica, te enloquece y él no pudo controlarlo”.

Fabián Macín y los revolucionarios

Nuestro vecino y pintor, Fabián Macín, plasmó en esta imagen de su autoría, a los protagonistas de la lucha revolucionaria iniciada en 1910. Retomando un poco de la historia que plasmó el Cronista de Atizapán, maestro Enrique Bringas, se cuenta: “A raíz del asesinato del presidente Francisco I. Madero, los hermanos Manuel y Arturo Herrera formaron una Junta Revolucionaria cuyo objeto era contribuir al derrocamiento del usurpador Victoriano Huerta. La conspiración tenía ramificaciones en la ciudad de México, Azcapotzalco y Tlalnepantla, pero los confabulados fueron denunciados y ferozmente perseguidos. Don Manuel fue secuestrado en su domicilio de Atizapán y llevado rumbo a Tlalnepantla, sin que se volviera a saber de él. Su hermano Arturo fue aprehendido en calles de Tlalnepantla y conducido a un cuartel militar para desaparecerlo también. Luego de los Tratados de Teoloyucan, se hicieron algunas pesquisas que no condujeron a ningún hecho comprobable, por lo que se supone que ambos hermanos fueron torturados para que delataran a sus correligionarios y al no conseguirlo, se les asesinó posiblemente en el camino entre Tlalnepantla y Azcapotzalco. Se sabe también que los pueblos de Calacoaya y San Francisco Atizapán, fueron escenario de combates revolucionarios, pues fuerzas del coronel zapatista Tirso Villegas (oriundo de Calacoaya) tuvieron aquí su cuartel.

Igualmente, se registra que en 1914 pasaron por Atizapán las fuerzas del general Lucio Blanco, también leal a la causa zapatista. Del todo destacable es que el 26 de mayo de 1910, nació en la casa marcada con el número 11 de la Av. Juárez del entonces pueblo de San Francisco Atizapán, quien con el tiempo habría de convertirse en uno de los más grandes presidentes de la República del siglo XX: Adolfo López Mateos. A la muerte de tan distinguido político, estadista y humanista, el Congreso del Estado de México emite el Decreto No. 8 firmado por el gobernador Carlos Hank González, en que se dispone que el viejo pueblo de San Francisco Atizapán sea elevado a la categoría de ciudad, denominándose Ciudad López Mateos, cabecera del municipio de Atizapán de Zaragoza. Bringas también asentó que de las haciendas de Atizapán, la de “El Pedregal” fue propiedad de José María Velázquez (presidente municipal atizapense en 1879, 1880 y 1884) impulsor del Ferrocarril de Monte Alto en 1892 el cual se convirtió en el medio de transporte más importante para el desarrollo económico de Atizapán”.