Por Javier Casillas
El año nuevo inicia y con él, nuevos propósitos, deseos y por qué no, nuevos planes. El 2017, pudo ser bueno, malo, regular, pero seguramente nos ha dejado alguna enseñanza importante. Siempre hay alguien que con su legado, energía y voluntad, son ejemplares para el resto de la humanidad. Y en el mundo del vino no hubo excepción. Existió un hombre que por su amor a la vinicultura, a México y por sus ganas de hacer las cosas bien, consiguió que nuestro país figure en este complejo y competido mundo del vino. También demostró que somos capaces de producir vinos de altísima calidad y que con trabajo, pasión y perseverancia las metas se pueden cumplir. Y así es como Hans Backhoff Escudero, empezó hace de 30 años un proyecto de vida: Bodega Monte Xanic, que sentaría a la larga, no solo las bases de la calidad del vino mexicano y reconocimientos a nivel mundial, sino todo una cultura de cómo lograr una meta propuesta, de cómo hacer un sueño realidad y como hacer soñar, a los que simplemente estuvimos cerca de este extraordinario ser humano.
El enólogo fundador de Monte Xanic, se nos ha adelantado en este camino, falleciendo el 7 de agosto del 2017, dejándonos una gran responsabilidad: seguir sus pasos y lograr poner el nombre de México aún más en alto en el mundo de vinos de calidad. Hoy su hijo Hans Backhoff Guerrero, continua al frente de tan importante legado y para todos los amantes de esta fascinante bebida, no nos queda más que agradecerle y brindar con un buen “Gran Ricardo” a su salud.
Ojala que este año sea de logros y metas cumplidas, pero siempre de la mano de una buena copa de vino… ¡Salud!